México y Canadá deben priorizar el fortalecimiento de las cadenas regionales de valor e identificar las oportunidades de mercado existentes alrededor de la manufactura y desarrollo de los insumos intermedios.
América del Norte se encuentra frente al reto, y a la oportunidad histórica, de reescribir su relación presente y futura. La agenda es compleja: se dejó atrás el modelo de apertura comercial que guio la globalización de los últimos 40 años para dar paso a un esquema de interacción económica administrada a través de aranceles.
En ambas etapas Estados Unidos ha impulsado el cambio. Lo hace priorizando su posición geopolítica, geoeconómica y visión de lo que considera propicio para su interés y seguridad nacional.
Actuar con inteligencia industrial es esencial para reconocer la realidad objetiva y aprovechar la existencia de las cadenas regionales de valor para encontrar puntos en común que faciliten la negociación. Quedar atrapado en el círculo que representan los aranceles es renunciar a una integración regional propositiva para los integrantes del TMEC que también permita incorporar, de manera estratégica, a la inversión generada por empresas de otras regiones del mundo.
Las prioridades del presidente Trump no representan una sorpresa: él ya había cuestionado el debilitamiento industrial, laboral, económico, social y militar de su país frente a China. Fue la columna vertebral de la campaña electoral que lo llevó a su primera etapa al frente del gobierno de su país. Por ello, contar con una propuesta de negociación que reconozca este hecho y que también ponga sobre la mesa los intereses de México es esencial, especialmente para evitar una afectación a regiones y sectores estratégicos para el país.
En este sentido, el primer elemento que México y Canadá pueden proponer es priorizar el fortalecimiento de las cadenas regionales de valor. Implica elevar lo hecho en América del Norte, con insumos fabricados en la región para alcanzar acuerdos ganar-ganar. Los países integrantes del TMEC corren contra el tiempo, el ritmo de innovación y manufactura en Asia es altamente desafiante, la estrategia basada en aranceles no es suficiente para competir en el mediano y largo plazo.
Para alcanzar este objetivo el mercado existe: lo representa la importación de insumos intermedios y de capital por más de 800 mil millones de dólares que los países del TMEC realizan en otras regiones del orbe cada año.
Por ello, el segundo elemento para tener en cuenta es identificar las oportunidades de mercado existentes alrededor de la manufactura y desarrollo de los insumos intermedios. Se llama sustitución regional competitiva de importaciones. Constituye el mecanismo para crear una agenda común que promueva el desarrollo e intercambio tecnológico, energético, de inversión en infraestructura logística y de regulación aduanera.
En este aspecto, México y Estados Unidos tienen elementos en común que se deben aprovechar: uno de ellos es la búsqueda de una industrialización moderna y acorde con las necesidades productivas, de empleo y consumo para el siglo XXI. La consideración de este tercer elemento también requiere elevar la producción de insumos intermedios en América del Norte y, en consecuencia, priorizar la integración de las cadenas regionales de valor.
México y Canadá deben hacer propuestas, la coyuntura lo impone y es un cuarto factor por considerar. Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente Trump refrendó, amplió y profundizó sus objetivos y estrategias: avanza con rapidez porque entiende que su gestión tiene un límite de cuatro años. En su momento mandó evaluar el estado de la relación comercial de Estados Unidos con México y Canadá. A partir de ahí estableció sus aspectos estratégicos a negociar, su agenda no es al azar.
Bajo este contexto, México debe actuar con inteligencia industrial y competitiva para identificar los sectores estratégicos nacionales que favorecen tanto el desarrollo del mercado interno como los que se encuentran alrededor de las cadenas regionales de valor. Este sexto punto representa el equilibrio entre la realidad sectorial y regional nacional con la interacción en América del Norte: es un punto para garantizar que la agenda de renegociación del TMEC genere impactos positivos al interior de la economía y sociedad mexicana.
Lo descrito es relevante para evitar el error cometido durante la etapa de apertura comercial hace 40 años, el que sacrificó empresas y sectores industriales en México. Por ello, la vertiente social de la inteligencia industrial prioriza el salvaguardar y potenciar a los sectores que tienen un impacto profundo tanto en la generación de empleo y valor agregado como en los encadenamientos productivos nacionales y en el desarrollo regional presente y futuro del país. No es algo excepcional, los países desarrollados han identificado los sectores que consideran de seguridad nacional, por eso Estados Unidos aplica su conocida Sección 232 al imponer aranceles.
El desafío de la negociación no es algo menor, de acuerdo con el Representante Comercial de Estados Unidos y la Secretaría de Economía, el diálogo será esencialmente binacional: la firma del TMEC es trilateral pero el detalle de la renegociación no necesariamente involucrará a los tres países al mismo tiempo. Por eso es relevante contar con estudios y métricas propias, y es un séptimo aspecto crucial para tener éxito.
El presidente Trump eligió la imposición de aranceles como el instrumento para establecer su agenda de interacción global, pero con negociación individual, no le interesa utilizar a las organizaciones multilaterales, su meta es el diálogo bilateral porque conoce que así tiene mayor capacidad de influencia. Los aranceles simplemente son el mecanismo.
En este contexto, se debe reconocer que el TMEC dio un espacio de tregua para evitar la aplicación generalizada de aranceles, pero el diálogo y la negociación con Estados Unidos será bilateral, primordialmente en Washington y aún conlleva oportunidades y riesgos que deben considerarse para evitar la permanencia de los aranceles.
México y Canadá deben considerar que gracias al TMEC se atenuó, pero no se eliminó el efecto de la aplicación de aranceles. La afectación se dio en sectores estratégicos como el acero, el aluminio y componentes del sector automotriz fuera del tratado. De igual forma moderó y modificó el proceso del nearshoring. Para avanzar en la negociación, en este momento es necesario pasar a una etapa propositiva y así evitar el estancamiento que representan los aranceles.
Esto último lleva a un octavo elemento: conducir a que la renegociación del TMEC genere el espacio para establecer una nueva prospectiva de largo plazo, que incorpore una visión regional equilibrada y que tenga objetivos sociales y económicos como la creación de empleo altamente calificado, atraer inversión en sectores estratégicos, elevar el ritmo de desarrollo tecnológico para mejorar las condiciones de vida de la población en la región. Esto último es esencial para mitigar la presión de la migración ilegal.
La definición de una visión conjunta es un requisito mínimo para direccionar y dar claridad a la interacción con otras regiones del mundo, el atractivo del mercado en América de Norte es un factor que se debe utilizar a favor para establecer reglas de inversión, desarrollo de proveedores, de transferencia tecnológica y de creación de empleo. El objetivo debe ser contribuir al aumento del contenido regional y, en consecuencia, de lo hecho en México.
En estos momentos, el reto es crear condiciones de negociación equitativas que permitan pasar de la imposición de aranceles al de la creación de valor y fortalecimiento de las cadenas regionales de valor. Constituye el único camino para enfrentar la competencia de otras regiones altamente integradas, de gran innovación, con fuertes apoyos estatales y de bajos costos laborales.







