La resiliencia es la capacidad de volver a producir, vender y atender clientes después de un ataque cibernético. En manufactura y retail, esta resiliencia no se construye en la crisis, usualmente es algo que la organización entrena todos los días para lograrlo y estar lista cuando una catástrofe sucede. A lo largo de más de 400 incidentes de ciberseguridad atendidos por nosotros, donde los centros de datos están completamente caídos y cerca del 80% suelen ser ataques de ransomware, hemos aprendido que entre mejor postura de ciberseguridad tiene una organización, más lejos mantiene al atacante del corazón del negocio (la planta, el inventario, los pagos, los datos de clientes, la operación diaria y la confianza del mercado).
Con el aumento de la necesidad de automatizar mejorando costos y aumentando calidad, la Inteligencia Artificial ya forma parte del corazón del negocio. Pero la IA no funciona sola, necesita datos, aplicaciones, usuarios, proveedores y conexiones con otros sistemas. Ahí empieza el reto, cada nuevo uso de inteligencia artificial puede abrir una nueva puerta a los atacantes si no se acompaña de reglas claras, controles adecuados y una visión de seguridad desde el inicio.
Desafortunadamente el riesgo ya no es teórico. En nuestra telemetría de ransomware, para el segundo semestre de 2025, la manufactura apareció entre los sectores más afectados, con 12.67% de los casos observados. También aparecen sectores cercanos a la operación comercial, como logística, con 5.79%, y retail, con 4.68%. No son cifras para generar alarma, son una señal de que las industrias que dependen de continuidad, proveedores, inventarios y atención al cliente necesitan prepararse mejor.
También hay que considerar que los atacantes están aprovechando la misma velocidad que trae la tecnología. Hoy pueden crear correos falsos más creíbles, mensajes mejor redactados, llamadas o videos manipulados, sitios engañosos y fraudes más personalizados. Un ejemplo de esto está en que Microsoft reportó que, sólo en el primer trimestre de 2026, detectó alrededor de 8,300 millones de amenazas de phishing por correo, mientras que
el ciberataque con códigos QR creció 146%
en ese mismo periodo, lo que esto significa para el negocio es que los engaños son cada vez más masivos y más difíciles de distinguir a simple vista gracias al uso de IA por parte de los atacantes.
En manufactura, un ataque puede detener una línea de producción, afectar entregas o comprometer información de diseño. En retail, puede traducirse en fraude de pagos, robo de cuentas, abuso de promociones, suplantación de clientes o pérdida de datos personales. En ambos sectores, el daño no se limita a sistemas, llega a ventas, reputación y a la continuidad del negocio.
Pero prohibir el uso de la inteligencia artificial no es una solución realista, cuando las empresas prohíben sin ofrecer alternativas, los equipos buscan sus propias herramientas y el riesgo se vuelve invisible. La respuesta correcta es habilitar la innovación con reglas: qué herramientas se pueden usar, qué datos no deben cargarse, quién puede acceder, qué proveedores son confiables y cómo se supervisa el uso.
La alta dirección debe hacer preguntas simples, pero importantes: ¿qué información estamos compartiendo con herramientas de IA?, ¿quién puede verla?, ¿qué pasaría si una cuenta se compromete?, ¿tenemos copias de seguridad confiables?, ¿cuánto tardaríamos en volver a operar?, ¿sabemos quién toma decisiones durante una crisis?, ¿a qué sistemas críticos estamos conectando la IA y cómo la estamos limitando?
La ciberseguridad no debe verse como un freno, sino como la base que permite innovar sin poner en riesgo la operación.







