El hogar mexicano está cambiando de tamaño y de edad. Entre 2016 y 2024 el número de integrantes económicamente activos por vivienda bajó de 1.74 a 1.68, mientras que la edad promedio de quien la encabeza subió de 49.2 a 51.7 años. Estos datos, junto con muchos otros, son elementos que nos permiten comenzar a entender lo que viene después: qué compra ese hogar, dónde lo compra y cuánto está dispuesto a pagar.
El panorama macroeconómico de 2026 admite más de una lectura. El consumo privado encadena dos meses de caída y la confianza del consumidor cedió a 43.5 puntos en mayo, el cual es el nivel más bajo en cuatro años (desde mayo 2022). Pero el ingreso no se mueve de manera uniforme: la masa salarial creció 8.3% al cierre de 2025. En un comparativo vs 2016 el ingreso ha crecido 67% debido a los incrementos en salario mínimo y programas gubernamentales,
sin embargo, el gasto de los hogares por su parte ha incrementado 69%.
El consumidor mexicano, en consecuencia, no es uno solo y enfrenta distintos retos incluso a nivel geográfico dentro del país.
Este comportamiento tiene precedente. La serie histórica del INEGI muestra que, en cada episodio de incertidumbre económica de las últimas dos décadas, de la crisis de 2008 a la pandemia, el gasto de los hogares mexicanos se concentró de manera creciente en alimentos y bebidas dentro de casa.
El consumidor no deja de gastar: prioriza lo esencial y regresa al hogar.
Para la industria de tecnología y durables, ese repliegue puede representar el preámbulo de ventanas de reposición de enseres domésticos que acompañan la experiencia dentro del hogar y no su freno.
A la par, la vivienda nueva se construye cada vez más pequeña en distintas ciudades de América Latina, desde Buenos Aires hasta Bogotá, pasando por Santiago, Lima y São Paulo, una tendencia que resuena con lo que documentamos en México. Menos integrantes por hogar, jefaturas de mayor edad y viviendas de menor superficie configuran una misma dirección: el producto que gana espacio en la cocina, la sala o el clóset no es necesariamente el de mayor tamaño, sino el que mejor se adapta a esas nuevas dimensiones.
Ese hogar, además, ya tiene una composición tecnológica definida, con brechas puntuales que vale la pena identificar. La estufa (91%), el refrigerador (91%), la licuadora (92%) y el televisor (91%) son ya un estándar en la vivienda mexicana, aunque con rezagos claros en el sur del país, donde la penetración del refrigerador y la estufa es 12 y 14 puntos porcentuales menor, respectivamente, que el promedio nacional. En el otro extremo conviven dos historias distintas: el horno de microondas, con 49% de penetración y en expansión, todavía tiene espacio de crecimiento, mientras que la plancha eléctrica, pese a estar presente en 71% de los hogares, pierde terreno. El DVD y la computadora de escritorio comienzan a desaparecer, y aparatos como tostadores, impresoras, máquinas de coser, consolas de videojuegos o aspiradoras siguen presentes en menos de 15% de las viviendas. Ahí está buena parte del mapa de oportunidad, tanto de reposición como de primera compra, para los próximos años.
Esa transformación, además, no ocurre de manera uniforme en el país. El Pacífico es hoy la región de mayor dinamismo en tecnología y durables, con un crecimiento de 14%, impulsado por refrigeradores (+29%) y lavadoras (+35%). Es también la única zona donde crecen con fuerza el aire acondicionado (+37%) y los ventiladores (+11%). El centro y el Valle de México continúan siendo las plazas más desarrolladas, pero ya no son las que más aceleran. Tratar a México como un mercado homogéneo, en 2026, implica el riesgo de perder participación donde el crecimiento realmente ocurre.
Dentro de cada categoría, ese mismo hogar toma decisiones distintas según lo que compra. Está dispuesto a pagar más por tecnología que resuelve el cuidado del hogar: las aspiradoras crecen 32% en valor, encabezadas por marcas de nicho tecnológico, muy por encima incluso de jugadores globales establecidos. En refrigeración, una categoría más madura, privilegia el precio: marcas de valor como Hisense crecen más de 34%. No se trata de un consumidor que restringe su gasto ni de uno que busca estatus, sino de uno que asigna presupuesto de manera distinta en cada categoría. Ahí radica el primer criterio para diseñar un portafolio.
El canal donde decide comprar cambió con la misma velocidad. El canal físico retrocede levemente (-0.9% en valor durante 2026), mientras que la venta en línea de tecnología y durables crece 15% en valor y 21% en unidades. La explicación no es sólo el precio: el canal digital ofrece hasta nueve veces más marcas que el punto de venta físico, y ya cuenta con una oferta propia de marcas exclusivas que, aunque todavía pequeña (6.2% del mercado), crece por encima del promedio en la mayoría de las categorías. Un ejemplo claro es la categoría de TVs, en línea, el hogar busca pantallas de menor tamaño y precio accesible; en la tienda física, continúa comprando las de mayor tamaño. Son dos lógicas de compra que conviven dentro del mismo hogar.
Un último matiz que ninguna marca puede pasar por alto: las marcas chinas crecen por encima del promedio en la mayoría de las categorías de tecnología y durables, con mayor peso en tecnología de la información y en electrodomésticos grandes. El arancel de enero de 2026 no les ha restado impulso. En celulares, su atractivo sigue siendo el precio. En computadoras y televisores, ya no: ahí, la decisión de compra responde cada vez más a la percepción de calidad que al descuento.
En conjunto, estos son los rasgos de la transformación del hogar mexicano: más compacto, más maduro, con brechas de penetración tecnológica todavía por cerrar, distinto según la región, dividido entre las categorías en las que paga por tecnología y aquellas en las que privilegia el precio, y cada vez más decidido antes de llegar al punto de venta. Para la industria que ANFAD representa, la oportunidad no está en esperar a que el consumo repunte, está en diseñar el portafolio, la región y el canal para el hogar que existe hoy.







