En un contexto de cambios acelerados y elevada incertidumbre, comprender la dirección que tomarán tanto la economía global como la nacional se vuelve una tarea indispensable para el país. De cara a 2026, la discusión central no sólo gira en torno a las cifras de crecimiento, sino al rumbo económico que México aspira a construir en el mediano plazo. Anticipar el comportamiento de las principales variables macroeconómicas resulta clave para que el sector productivo, las autoridades y la sociedad ajusten oportunamente sus decisiones en materia de inversión, planeación financiera, consumo y gasto. Contar con una lectura esclarecedora del entorno permite mitigar riesgos, priorizar las oportunidades, fortalecer la toma de decisiones y diseñar estrategias con una visión de largo plazo. Bajo esta perspectiva, el presente análisis ofrece una revisión del contexto actual y de los factores que marcarán el desempeño económico en 2026.
Situación actual de la economía mundial y nacional
2025 estuvo marcado por un entorno complejo y retador tanto para la economía global como para la mexicana. A nivel internacional, las tensiones derivadas de la política comercial de Estados Unidos, caracterizada por un renovado sesgo proteccionista, obligaron a una recomposición de las cadenas globales de valor y elevaron la incertidumbre en los mercados financieros y productivos. Este escenario se vio reforzado por la persistencia del conflicto económico y comercial entre Estados Unidos y China, que continúa alterando los flujos de comercio y los esquemas de producción a escala mundial. A ello se sumaron los conflictos armados registrados a mediados del año en Europa Oriental, los cuales interrumpieron rutas estratégicas para el comercio internacional, como el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, encareciendo los costos logísticos y dificultando el intercambio de mercancías. Como consecuencia de este entorno, las proyecciones de crecimiento de la economía mundial han sido revisadas a la baja, ubicándose en alrededor de 3.2% para 2025 y 3.1% para 2026. Estas cifras reflejan un desempeño moderado, inferior al crecimiento estimado para 2024, que se situó en 3.3% y confirman una tendencia de menor dinamismo a nivel global.
En este contexto adverso, la economía mexicana mostró un desempeño particularmente débil a lo largo de 2025. Durante los primeros tres trimestres del año, la actividad económica permaneció prácticamente estancada, con un crecimiento anual marginal de apenas 0.1%, y un cierre entre 0.1 y 0.2% anual. El consumo privado avanzó de manera muy limitada, con un incremento promedio de 0.2%, reflejo de la cautela de los hogares ante un contexto de menor certidumbre económica.
De forma paralela, la inversión fija bruta acumuló una contracción cercana al 7.5%, afectada tanto por la incertidumbre institucional como por la debilidad de la inversión pública orientada a proyectos productivos.
En contraste, el sector externo se convirtió en el principal soporte de la actividad económica: las exportaciones crecieron 6.6% entre enero y octubre, impulsadas por un aumento de 8.6% en las ventas manufactureras. No obstante, parte de este dinamismo respondió a decisiones anticipadas de las empresas frente a cambios en las reglas comerciales de Estados Unidos, por lo que se prevé una moderación del impulso exportador en 2026 conforme los flujos comerciales se normalicen. En términos generales es otro año perdido en materia de crecimiento económico que se suma a lo que el país experimentó durante todo el sexenio pasado.
Desde el punto de vista macroeconómico, la evolución de los precios ofreció señales mixtas. La mayor parte del año 2025, la inflación se mantuvo dentro del rango objetivo de BANXICO, aunque con una tendencia gradual al alza que la llevaría a cerrar el año alrededor de 3.8%. Este comportamiento permitió al banco central avanzar de forma paulatina en el ciclo de relajación monetaria, con una tasa de referencia que se ubicó en 7.0% para el cierre de 2025.
Si bien la inflación general continuó moderándose durante 2025, se mantuvo por encima del objetivo del Banco de México, siendo la inflación subyacente el principal foco de atención debido a su desaceleración más lenta, influida por el comportamiento de los precios de los alimentos y los servicios; durante ya varios meses la inflación subyacente muestra niveles superiores a la inflación general, lo que es un claro indicativo de una severa resistencia a la baja de los precios.
Perspectivas 2026
De cara a 2026, el panorama se mantiene igualmente retador. Estimaciones del Fondo Monetario Internacional sugieren que la economía estadounidense registrará un crecimiento apenas superior al observado en 2025, al pasar de 2.0 a 2.1%, lo que seguirá limitando el dinamismo de la demanda externa para México. En este entorno, la moneda mexicana, tras un período de apreciación frente al dólar durante 2025, asociado a la debilidad de la divisa estadounidense, tendería a perder terreno conforme las condiciones monetarias globales se normalicen. Bajo este escenario, se estima que el tipo de cambio podría promediar alrededor de 18.40 pesos por dólar en 2026.
El entorno político interno seguirá siendo un factor relevante para el crecimiento económico. Las reformas al Poder Judicial han generado cuestionamientos sobre la solidez institucional y la certidumbre jurídica, mientras que el presupuesto para 2026 asigna una proporción creciente del gasto a programas sociales y al servicio de la deuda -que supera 1.5 billones de pesos-, reduciendo de manera significativa el margen disponible para inversión en infraestructura y proyectos productivos. A este panorama se suma un aumento en impuestos a diversos productos, además de reformas a diversas leyes, las cuales han sido interpretadas por distintos sectores como factores adicionales de incertidumbre, influyendo negativamente en las decisiones de inversión con un horizonte de mediano plazo. En este contexto, se espera que la inflación continúe moderándose de forma gradual durante 2026, con un promedio estimado entre 3.75 y 3.99%, aunque con una inflación subyacente todavía elevada, en un rango de entre 3.83 y 4.37% anual.
Finalmente, es importante considerar que el próximo año se llevará a cabo la renegociación del T-MEC, un proceso en el que la política comercial será uno de los ejes centrales. En este escenario, México enfrentará el reto de defender sus intereses económicos y preservar las condiciones que han permitido la integración productiva con América del Norte, en un contexto global cada vez más competitivo y marcado por tensiones geopolíticas y comerciales.
Conclusión
Nos encontramos en un punto de inflexión histórico en el que las decisiones que se adopten dejarán huella más allá de un ciclo económico o de un período de gobierno. El futuro dejó de ser una expectativa distante y se ha convertido en una realidad inmediata, marcada por transformaciones tecnológicas, cambios geopolíticos y una competencia global cada vez más intensa.
El 2026 será un año volátil, con debilidad económica, donde las finanzas públicas pudieran sufrir deterioro, la necesidad de recaudación será evidente y por tanto existirá más notoria presión a los contribuyentes cautivos, la inversión estará sujeta a las decisiones de política económica y dependerá del éxito en la renegociación del T-MEC; en suma, no será un año fácil y por tanto, toma importancia la información oportuna, la atención prioritaria a los mercados y clientes, el cuidado de los recursos líquidos, la solidez en los equipos de trabajo, la retención de talento y sobre todo, la cautela en la toma de decisiones.
México cuenta con los recursos humanos, la capacidad productiva y el acceso a la tecnología necesarios para revertir esta trayectoria; sin embargo, el desafío central radica en definir un rumbo claro y coherente. Las decisiones que se tomen en 2026 serán determinantes para transformar las oportunidades en crecimiento sostenido o, por el contrario, para consolidar un escenario marcado por el estancamiento que limite el desarrollo económico del país en el corto y mediano plazo.


