La estrategia para aplicar un sistema robusto de estandarización y de infraestructura de la calidad parte del entendimiento del contexto regional de los consumidores y usuarios, de la base industrial que sustenta la fabricación de productos y servicios, así como de la referencia de las normas internacionales. Este análisis integral permite definir criterios técnicos que promuevan a la
seguridad como prioridad número uno,
y que sirven de base para un desarrollo ordenado del mercado. Por lo que, los países que no definan ni ejecuten adecuadamente este proceso corren el riesgo de quedar rezagados en la carrera tecnológica, la sostenibilidad ambiental y la competitividad de sus empresas. Especialmente, se exponen a permitir la comercialización de productos y servicios que no cumplen con los niveles mínimos de seguridad esperados, trasladando riesgos innecesarios a la población y afectando la confianza del consumidor.
En este contexto, las normas técnicas constituyen la infraestructura invisible de las economías modernas. Su función es garantizar que los productos y servicios sean seguros, confiables y que protejan la inversión y el patrimonio de quienes los adquieren. La función más crítica de los estándares es la protección de la vida humana frente a riesgos que el mercado, por sí solo, no puede regular de manera eficiente. Ejemplos claros de ello son las regulaciones en materia alimentaria, medicamentos y vacunas, así como la seguridad en el hogar, donde las normas aplicables a electrodomésticos y materiales de construcción previenen accidentes graves y fallas estructurales.
En este sentido, la industria mexicana de electrodomésticos representa un eslabón fundamental en la cadena de seguridad del consumidor. A través de su organización en la ANFAD, la industria no sólo impulsa el desarrollo productivo,
sino que promueve activamente el cumplimiento normativo de sus empresas
y de su cadena de valor, contribuyendo a mercados más confiables y competitivos.
Los estándares técnicos funcionan como un “lenguaje común” que permite a los consumidores confiar en los productos que adquieren, aun cuando no cuenten con conocimientos técnicos especializados.
Las certificaciones en México permiten diferenciar entre distintas ofertas
y tomar decisiones informadas con base en datos verificables, evitando prácticas como el uso de especificaciones ambiguas o engañosas para la comercialización de productos que no cumplen con las normas técnicas.
Sin embargo, un certificado carece de valor si no existe un sistema que respalde su cumplimiento. Para ello, el Sistema de Infraestructura de la Calidad (integrado por la metrología, la normalización, la acreditación y la evaluación de la conformidad) asegura que los productos que ostentan una verificación de seguridad y desempeño han sido evaluados por laboratorios competentes y acreditados. Este esquema debe complementarse con una vigilancia efectiva del mercado, que permita monitorear los productos disponibles y evitar la comercialización de aquellos que no cumplen con la normatividad aplicable.
En este marco, ANCE Estándares actúa como socio técnico de la ANFAD en la definición de estándares para la industria electrotécnica nacional, a través del trabajo de comités de expertos que aportan conocimiento especializado en beneficio del consumidor mexicano. Este esfuerzo se complementa con el Organismo de Verificación y Vigilancia de Mercado (OVVM), cuyo objetivo es fortalecer el monitoreo del cumplimiento normativo en puntos de venta y en la entrada al país de productos importados.
Por ello, por este medio hago un llamado a la industria, a las cámaras empresariales y a todos los actores del Sistema de Infraestructura de la Calidad para que respaldemos y fortalezcamos este modelo estratégico para el país. Su valor trasciende la protección de los consumidores:
constituye un mecanismo fundamental para salvaguardar la seguridad y el bienestar de los mexicanos, además de fortalecer la competitividad de la industria nacional, proteger la inversión productiva y contribuir al desarrollo económico de México.
Preservarlo y consolidarlo es una responsabilidad compartida que exige nuestro compromiso y participación activa.







