Convivimos todos los días con el sistema eléctrico y dado que contamos con él desde que nacimos, lo damos por un hecho, sin embargo, un Sistema Eléctrico de Potencia (SEP) es la máquina más grande que ha construido el hombre por varios miles de órdenes de magnitud. En un SEP la demanda (consumo) y la oferta (generación) tienen que estar perfectamente balanceadas. Si no tenemos oferta suficiente, la alternativa que resta -como ya hemos experimentado- es el disminuir el consumo que es desconectar usuarios, esto, por supuesto, lleva enormes costos para la economía y problemas a la población.
En México tenemos cuatro SEP, el Interconectado Nacional (SIN), Baja California, Baja California Sur y Mulegé, que operan de forma independiente, lo que no debe de preocuparnos porque, aunque idealmente sería deseable tener uno solo, el costo es prohibitivo. En Estados Unidos también hay varios sistemas.
El SIN cuenta con unos 600 mil generadores (recordemos que si tenemos generación fotovoltaica en casa aportamos al sistema), 49 millones de usuarios, 113 mil kilómetros de líneas de transmisión y 900 mil de distribución. Todos los que participamos tenemos nuestra responsabilidad en que esta enorme máquina funcione bien. Tendemos a pensar que nosotros, los usuarios pequeños o domésticos, no afectamos y bien podría ser cierto, pero el problema radica en que si todos lo hacemos enfrentamos un reto mayúsculo.
La acumulación de ineficiencias tiene un impacto notable. Sirva como ejemplo que en EUA estos problemas suman 188 mil millones de dólares (MMD) anuales que es seis veces lo que factura CFE o un 12% del consumo en ese país. En México no hay datos, pero por lo menos estimo que unos 6 MMD. Así que todos debemos de asumir nuestra responsabilidad.
En México los usuarios domésticos representan el 20% del consumo, el mismo valor que en China, pero en Francia y EUA este valor es 40% y en Alemania 28%. Esto refleja por un lado el nivel de desarrollo, pero también la vocación económica de cada país.
Regresando a nuestra patria, de este 20% en los hogares, los electrodomésticos representan el 80% del consumo, lo que aproximadamente nos da una sexta parte del total. Si se aumentara la eficiencia de los equipos en un 10% equivaldría a no tener que construir una central de ciclo combinado de 750 KW, con un costo cercano a los 1,000 millones de dólares (MD) y por supuesto el costo de operación anual, incluido el gas, que es cercano a los 90 MD y, adicionalmente, la emisión de 2.35 millones de toneladas de CO2. Viendo estas cifras entendemos la importancia de la eficiencia energética (EE), a la que he bautizado como la eterna olvidada.
La Comisión Nacional de Uso Eficiente de Energía (CONUEE), ha logrado, junto con los fabricantes, avances muy importantes, de hecho, en el balance nacional de energía de los últimos 10 años el sector doméstico es el único que ha disminuido su participación a pesar del crecimiento de usuarios y equipos instalados: un claro testimonio de que la EE funciona y da beneficios muy importantes. La ANFAD debe de enorgullecerse de estos logros.
Gran parte de los avances vienen por las normas, pero debemos combatir al contrabando que merma significativamente los logros, además de afectar económicamente a los que están haciendo su tarea.
Finalizo con una reflexión: más de un 10% de la población mundial no tiene acceso a la electricidad y en otro tanto no es continua ni de calidad. En muchos casos poner un panel fotovoltaico se cataloga como electrificado, sin duda es mejor que una lámpara de keroseno, pero lo que realmente cambia la vida es el contar con potencia: mover un motor de bomba, refrigerados o un pequeño torno. Como dicen los que no cuentan con el servicio: “denos luz, pero de la buena” muy atinada forma de describir la potencia.
Santiago Barcón Palomar
Director Ejecutivo de PQBarcon







