La Inteligencia Artificial abre puertas a la accesibilidad y la inclusión, facilita que todos participemos sin importar la edad o las habilidades
Vivir con inteligencIA. ¿Cómo incorporar la IA en la vida diaria sin perder la humanidad?
Imagine despertar y que la cafetera ya conozca su punto exacto de aroma, que las luces suavicen el paso del amanecer y que el altavoz recuerde la canción predilecta de los niños para empezar la mañana con buen humor. Esa escena no es futurista: es hoy. Vivir con inteligencIA implica dejar que los algoritmos nos ayuden, sin olvidar que nuestra voz -y no la de la máquina- pone los límites. El secreto está en conversar con la tecnología como lo haríamos con un buen vecino: con confianza, pero sin entregar la llave de toda la casa.
¿Estamos usando la tecnología para vivir mejor o para vivir más rápido?
Nos sobran relojes inteligentes y nos falta tiempo para una sobremesa sin pantallas. Cada avance promete agilidad, pero la prisa puede vaciar de sentido la convivencia. Vale la pena preguntarse si queremos hogares que respiren al ritmo del afecto o aparatos que simplemente aceleren la agenda. Vivir mejor no siempre es vivir más rápido, a veces es frenar, mirar a los ojos y celebrar un silencio compartido.
¿Qué es la IA y cómo ya está entre nosotros?
La inteligencia artificial no es un robot con rostro metálico, es el motor silencioso que sugiere la siguiente serie en la televisión, corrige la ruta del GPS cuando hay tráfico o detecta una arritmia desde un reloj. Son sistemas que aprenden de nuestros hábitos para anticiparse a lo que podríamos necesitar. Están en el bolsillo, en la cocina y hasta en la cuna electrónica que arrulla al bebé cuando detecta que se mueve demasiado.
Las casas inteligentes, el nuevo corazón de la IA cotidiana
Del mismo modo que el refrigerador se convirtió en el centro de la cocina, el hogar inteligente se perfila como el corazón de la vida familiar conectada. Termostatos que «sienten» nuestra presencia, cámaras que reconocen gestos y bocinas que sugieren la banda sonora de la tarde, convierten las paredes en cómplices de nuestra rutina. Cuando la casa escucha, debemos decidir qué secretos queremos contarle.
La IA como aliada del bienestar familiar
La tecnología bien encauzada simplifica la logística del cuidado: recordatorios de medicamentos para los abuelos, menús personalizados para quien vive con diabetes, traducción instantánea para la videollamada con la prima que estudia en el extranjero. La IA abre puertas a la accesibilidad y la inclusión y facilita que todos participemos sin importar la edad o las habilidades.
Riesgos y límites que debemos vigilar
- Vigilancia emocional: si un asistente identifica nuestro estado de ánimo, esa información debe servirnos a nosotros, no a un mercado que busca vender más.
- Sesgos invisibles: los datos con los que se entrenan los algoritmos pueden reproducir desigualdades. Más diversidad en los equipos de desarrollo significa hogares más justos.
- Dependencia: cuando externalizamos la memoria al teléfono, podemos perder el gusto de aprender un número de memoria o de descubrir sin ayuda.
- Residuo electrónico: cada dispositivo tiene una vida útil, pensar en repararlo o reciclarlo es tan importante como comprarlo.
El futuro cercano, ¿cómo prepararnos como industria y familia?
Sugerencias para la industria:
- Diseñar productos reparables y actualizables, con manuales claros y piezas de repuesto accesibles.
- Medir el éxito no sólo en ventas, sino en bienestar de las familias que los usan.
- Ser transparentes con los datos: qué se recopila, para qué y por cuánto tiempo.
Para la familia
- Reservar momentos del día libres de pantallas para conversar cara a cara.
- Crear “consejos familiares” donde adultos, jóvenes y niños negocien qué datos se comparten.
- Preguntar, preguntar y volver a preguntar: la mejor defensa es la curiosidad informada.
Lo que ANFAD puede hacer
- Sello de confianza IA-ANFAD: un distintivo que garantice respeto a la privacidad y facilidad de reparación.
- Laboratorios de prueba intergeneracionales: reunir a abuelos, padres e hijos para probar electrodomésticos y ofrecer retroalimentación real.
- Guías prácticas en lenguaje claro y formatos accesibles (audio, video, infografías) sobre convivencia segura con la IA.
- Alianzas educativas con escuelas y centros comunitarios para formar a futuros técnicos y usuarios críticos.
- Foros de política pública, donde la voz de la industria y la familia construyan leyes que protejan tanto la innovación como la intimidad.
La tecnología debe ser un huésped agradecido, no un invasor silencioso.
En última instancia, el reto de la inteligencIA no es programar mejores máquinas, sino cultivar mejores conversaciones: con nuestros seres queridos, con las empresas que diseñan los dispositivos y con nosotros mismos. La pregunta no es si la casa puede pensar, sino si nosotros seguimos pensando qué clase de hogar queremos habitar.
Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo
Universidad Anáhuac México







