En los últimos años el sector empresarial se ha esforzado en aprovechar al máximo el fenómeno de la relocalización de operaciones comerciales, mejor conocido como nearshoring, a través de la promoción de una nueva política industrial, enfocada en aumentar la competitividad y fortalecer las cadenas de suministro.
La serie de anuncios realizados por el presidente estadounidense Donald Trump sobre la imposición de aranceles en distintas modalidades, tasas y sectores ha generado una notable inestabilidad en la economía mundial. Este impacto se refleja, por ejemplo, en las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que proyecta una contracción del 0.5% en el crecimiento del PIB mundial para 2025, principalmente atribuible a la imposición de dichas tasas arancelarias, las cuales “se sitúan en niveles no observados en un siglo y del contexto sumamente impredecible” (FMI, 2025).
Si bien Trump promocionaba desde su campaña electoral la imposición de aranceles como estrategia central para atender la principal preocupación de los estadounidenses, es decir la economía, la incertidumbre generada por estos anuncios ha provocado un incremento en las expectativas de desaceleración económica en Estados Unidos.
El mismo FMI estima una contracción del 1% para el crecimiento del PIB de ese país. Esta proyección se acompaña con el anuncio de la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de EE.UU. (BEA) la cual informó que, en el primer trimestre de 2025, el PIB disminuyó a una tasa anual del 0.3% frente al 2.4% del último trimestre de 2024. Esta caída se atribuye principalmente al aumento de las importaciones ante previsiones de mayores costos por los aranceles y a una disminución del gasto público.
Actualmente, Estados Unidos ha impuesto aranceles del 25% al acero, aluminio y sus derivados, además del arancel base del 10% a nivel mundial luego de una pausa de 90 días a los aranceles recíprocos. Y aunque se anunció una especie de alivio para el sector automotriz, el cual no será acreedor de aranceles acumulados, estas medidas se enmarcan en un contexto de escalamiento en la guerra comercial con China, que alcanzó una tasa arancelaria del 145% contra el país asiático.
En este contexto, a los 100 días de gobierno, Trump calificó su política arancelaria como un éxito. Sin embargo, la reacción de los mercados muestra una realidad distinta a la denominada por Donald Trump “nueva era dorada”. Por ejemplo, el S&P 500 ha bajado un 7.8% desde que Trump tomó protesta como presidente.
Además, una encuesta realizada por ABC News/Washington Post/IPSOS Poll muestra que el 55% de los estadounidenses desaprueba su gestión, siendo la cifra más alta de desaprobación en los primeros 100 días. Aunque aún cuenta con la aprobación del 87% de los republicanos, los efectos de la política arancelaria comienzan a influir políticamente en los votantes independientes, quienes fueron clave en su victoria. Esto en vísperas de las elecciones del próximo año, cuando se renovará un tercio del Senado y la Cámara de Representantes en su totalidad.
Para México hay un futuro incierto. Mientras que en enero de 2025 el FMI estimaba un crecimiento del 1.4%, en la última actualización del World Economic Outlook, ha pronosticado una contracción del 1.7%, resultado en un -0.3% del PIB para 2025. Paralelamente, el INEGI informó que el PIB en México creció un 0.2% durante el primer trimestre del año, respaldando las declaraciones del gobierno de la presidenta Sheinbaum, que ya habían descartado las predicciones del FMI.
La realidad es que, en este escenario, realizar pronósticos se ha convertido en un arte sumamente complejo, sino es que imposible. Sin embargo, sí es posible distinguir algunos elementos de atención para México. Claramente el tema de la migración, el tráfico de drogas y el agua seguirán en la agenda pública, pero también otros como el de la propiedad intelectual, la revisión del T-MEC, en especial en rubros como telecomunicaciones, inversiones en sectores estratégicos particularmente energía y minería, así como otras barreras comerciales identificadas por la USTR, serán los puntos rojos y podremos esperar episodios de tensión en la relación bilateral en el corto y mediano plazo.
Ante esta situación, el gobierno mexicano presentó como respuesta el Plan México, que, si bien es un buen primer paso, aún tiene oportunidades de mejora. Por ejemplo, se vuelve cada vez más urgente diversificar los mercados a través del aprovechamiento de la red de tratados de libre comercio con la que cuenta México. En particular, concretar las negociaciones con la Unión Europea y explorar el mercado asiático como nuevos nichos de oportunidad, esto podría contribuir a aliviar la dependencia comercial con Estados Unidos.
Nos enfrenamos a un entorno impredecible, marcado por decisiones erráticas capaces de alterar los escenarios en cuestión de momentos.La discusión sobre si la amenaza de aranceles representa una herramienta de negociación o un cambio del sistema mundial de comercio, ha cobrado nuevos matices.
Pues, aunque se ha evidenciado la estrategia agresiva de Trump para obtener lo que desea de otros países, también es cierto que algunas decisiones tendrán efectos irreversibles en la política internacional y en México debemos tomar una actitud proactiva, que nos ayude a navegar, durante los próximos tres años y ocho meses, la política “America First” de Trump.







