La realidad es necia y siempre termina por imponerse: la política industrial ha retomado el lugar de honor que le corresponde como la fuente de progreso social y económico que ha sido desde la Primera Revolución Industrial.
Durante el siglo XX solamente las naciones asiáticas que la utilizaron eficazmente y con una estrategia adecuada (China, Corea del Sur, Japón, Taiwán, Singapur, por ejemplo) salieron de la pobreza, abatieron el hambre y el rezago económico que vivían: hoy forman parte del liderazgo del crecimiento mundial, de la manufactura avanzada, la construcción de infraestructura moderna, del registro de patentes y de la banca de desarrollo a nivel mundial.
Por ello, con rezago aunque en la dirección correcta, Estados Unidos, Europa, América Latina, África y la India buscan implementar estrategias de política industrial. No todos tendrán éxito, el desarrollo industrial es celoso, requiere de una planeación y una implementación eficaz. Se basa en resultados económicos concretos asociados a la creación de valor agregado asociado al progreso tecnológico.
Para tener éxito en el siglo XXI se requiere de una política industrial con visión y compromiso de largo plazo. Para ello se debe generar una Competitividad Industrial Sistémica®, es decir, debe ser transformadora, generadora de valor agregado y resiliente a los ciclos económicos, algo implícito en el concepto de Inteligencia Industrial®.
¿Por qué se debe actuar con Inteligencia Industrial®? Representa la forma de aumentar el contenido nacional y regional que se requiere para atraer inversión productiva a México al mismo tiempo que se cumple con la normativa del TMEC y se eleva el bienestar social de nuestro país. Constituye el camino para alcanzar un fortalecimiento productivo y competitivo del mercado interno que reduzca la necesidad de importaciones de menor valor agregado a lo que se puede producir en el país.
El fortalecimiento productivo con un objetivo de desarrollo social no es opcional para México. La transformación del siglo XXI ha sido vertiginosa y profunda: durante el último cuarto de siglo el mundo pasó de entregarse a la luna de miel del libre comercio al de la aplicación de aranceles, cuotas y comercio administrado.
“El desarrollo industrial requiere
planeación e implementación eficaz”
Al mismo tiempo, el desarrollo tecnológico favoreció a los países que tienen el control de patentes, la capacidad de financiamiento y sistemas educativos altamente desarrollados. En general países con una sólida base industrial.
De igual forma las crisis del 2001, 2007-2009 y 2020 hicieron evidente que el modelo global de apertura económica sin política industrial tenía los días contados, porque las cadenas globales de valor que se habían construido deben ajustarse a la necesidad de empleo y bienestar que tienen países desarrollados como Estados Unidos. De igual forma lo hacen por cuestiones de seguridad nacional que se habían soslayado en décadas pasadas.
El sector de los semiconductores representa el mejor ejemplo, pero no el único. ¿Por qué es así? El corazón de la fabricación de la maquinaria y equipo moderno radica en la electrónica y en la computación avanzada. La inteligencia artificial y sus aplicaciones a los procesos industriales y académicos dependen del progreso tecnológico que hay alrededor del hardware y el software, por ejemplo, en su versión cuántica. Estados Unidos y China lo saben y por eso compiten tanto por el desarrollo de la innovación asociada a los chips como por su manufactura.
Para el caso de México lo descrito se ha conjugado para otorgarle grandes oportunidades, al mismo tiempo que le presenta retos históricos. Aprovechar los beneficios potenciales y superar los desafíos existentes requiere de una estrategia de política industrial holística, diseñada a profundidad y aterrizada bajo el concepto de Inteligencia Industrial®.
Adicionalmente se debe considerar que el nearshoring, la renegociación del TMEC, la posibilidad de que el presidente Trump aplique aranceles, la respuesta de China a las acciones de Estados Unidos y las decisiones de inversión de países europeos y asiáticos en México tienen un común denominador: la manufactura que se elabora en el país.
No es un secreto que la relación geográfica, económica, migratoria, financiera y de seguridad entre ambos países es irrenunciable y muy atractiva para las empresas internacionales. Por ello México tiene una gran ventaja. No obstante, el que la relación sea histórica y estructural no evita que se regule dependiendo la visión e intereses de cada época: la idea de la Iniciativa de las Américas de George Bush gestó un TLCAN con orientación de apertura comercial, privatización y sin política industrial para México.
“México debe aprovechar la Inteligencia
Industrial ya desarrollada”
Bajo la lógica del presidente Trump la relación entre los países de América del Norte tomó un sentido de comercio administrado que tiene capítulos muy claros para regular la relación con países que no son economía de mercado y respecto al tratamiento de sectores estratégicos para Trump: automotriz, energía y alta tecnología. Para su segundo mandato buscará dar forma a esos conceptos en el nuevo acuerdo.
Sin lugar a duda que México puede superar este reto al mismo tiempo que acelera su crecimiento económico y su desarrollo social, pero para lograrlo debe aplicar una política industrial apalancada en las fortalezas de lo que ya se hace en México, es decir, debe aprovechar la Inteligencia Industrial® ya desarrollada.
Se debe ser claro: la posibilidad real de, en el corto y mediano plazo, elevar el contenido nacional y el valor agregado de la economía se encuentra en la base productiva existente. Las empresas altamente competitivas que ya participan tanto en el mercado internacional como en el doméstico son las que pueden coordinarse alrededor de una política industrial de Estado para elevar el contenido nacional, desarrollar a proveedores medianos y pequeños, capacitarlos y apoyarlos para que adquieran las certificaciones pertinentes al desarrollo industrial del siglo XXI.
El desarrollo de nuevas empresas en sectores de alta tecnología requiere de tiempo, inversión y desarrollo del sistema educativo asociado a las carreras de ingeniería del siglo XXI.
Se debe reconocer que en México hay emprendimiento, pero que la falta de desarrollo industrial y de servicios de alto valor agregado ha limitado su alcance. Mucho se ha dado en la informalidad y en los micronegocios de comercio al por menor.
Crear una nueva base de empresas mexicanas que puedan asociarse con las de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia, Corea del Sur, Italia, la India, Brasil o España, por ejemplo, requiere de calidad elevada, alto valor agregado, procesos productivos eficientes y tecnificados además de certificados.
Por ello, el impulso a lo hecho en México bajo la lógica de la Inteligencia Industrial® es una necesidad: constituye la única forma de garantizar que las empresas mexicanas puedan elevar su productividad y competitividad en función de procesos productivos que utilizan tecnologías del siglo XXI, con cuidado al medio ambiente y orientadas al desarrollo social.
Básicamente se trata de propiciar el fortalecimiento productivo y competitivo del mercado interno para alcanzar una mayor integración mundial.
Esto último es clave: la idea de una política industrial del siglo XXI no renuncia a la globalidad. México cuenta con una relación económica fraterna con casi todo el mundo, la política industrial le permitiría reforzarla bajo la visión y necesidades del siglo XXI, al pasar de una base maquiladora a una fundamentada en la creación de valor agregado para cumplir con el acuerdo que seguirá al actual TMEC.
Para México, convivir y competir con las economías desarrolladas y emergentes más exitosas es una realidad diaria. También lo es la necesidad de elevar su crecimiento económico y desarrollo social. Conformar una base de empresas nacionales que puedan integrarse entre ellas y con las trasnacionales que trabajan en el país es el camino para aprovechar los retos asociados al comercio administrado y a las oportunidades que ven a México como uno de los países idóneos para producir.







