El Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE) es un organismo del sector privado mexicano dedicado a la promoción del comercio exterior, la inversión extranjera y el desarrollo tecnológico para fomentar la competitividad de nuestro país.
El comercio exterior ha sido, históricamente, uno de los motores más sólidos de la economía mexicana. Hoy, más que nunca, las exportaciones se han convertido en el verdadero motor del crecimiento del país.
En los últimos años, la economía mexicana se ha sostenido gracias al dinamismo de sus ventas al exterior, particularmente en manufacturas. Más del 90 por ciento de nuestras exportaciones corresponden a bienes manufacturados y en 2024 alcanzaron un máximo histórico de 617 mil millones de dólares, lo que coloca a México como la décima potencia exportadora a nivel global.
Este resultado no es casualidad, sino el reflejo de décadas de esfuerzo empresarial, de integración productiva con Norteamérica y de políticas de apertura que han sabido acompañar a las empresas mexicanas. México no es ya un país petrolero ni primordialmente agrícola. Es, fundamentalmente, un país industrial que produce manufacturas avanzadas. Ése es el valor agregado que ofrecemos al mundo y el que debemos defender y potenciar en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
En 2026 tendrá lugar la primera revisión formal del T-MEC. Jurídicamente, no se trata de una renegociación automática, sino de un reporte conjunto para decidir su continuidad hasta 2036. Sin embargo, la experiencia nos muestra que los procesos técnicos suelen ampliarse bajo coyunturas políticas. Lo vimos con el TLCAN y, después, con la negociación del propio T-MEC. Hoy enfrentamos un entorno internacional complejo.
Las tensiones arancelarias han impuesto tarifas de hasta 25 o 50 por ciento en sectores estratégicos como el acero, el aluminio y el automotriz. Paradójicamente, estas medidas no solo afectan a México, sino que golpean la propia competitividad de la industria norteamericana, que depende de insumos y cadenas de suministro profundamente integradas con nuestro país.
Los escenarios que se vislumbran ante la revisión del T-MEC son diversos. El más deseable consiste en mantener la esencia del tratado, con ajustes puntuales que atiendan las nuevas realidades del comercio digital, la transición energética y la movilidad sostenible. Existe también la posibilidad de revisiones más profundas en materia de reglas de origen, compromisos ambientales o mecanismos de solución de controversias. Y un tercer escenario, menos probable pero no descartable, es aquel en el que las tensiones políticas en los tres países compliquen la certidumbre regional. Sea cual sea el desenlace, México debe llegar preparado.
La historia reciente demuestra que la coordinación entre gobierno y empresarios es esencial. Durante las negociaciones del TLCAN y del T-MEC, la figura del “cuarto de junto” fue clave para lograr consensos internos y transmitir una posición firme hacia nuestros socios. Aunque con otro nombre o metodología, esa misma coordinación deberá fortalecerse de cara a 2026. Hoy debemos construir posiciones conjuntas, mantener un diálogo constante con nuestras contrapartes del sector privado en Canadá y Estados Unidos y persuadir a este último país de que la relación con México es parte de la solución.
Para México la revisión del T-MEC puede ser una gran oportunidad para fortalecer la integración de proveedores nacionales y asegurar que las micro, pequeñas y medianas empresas accedan plenamente a los beneficios del acuerdo. Estas acciones no sólo beneficiarán a México, sino que reforzarán la competitividad de toda Norteamérica.
La historia del comercio exterior mexicano demuestra que los momentos de mayor tensión han sido los que han abierto puertas a nuevas oportunidades. El T-MEC, lejos de estar en riesgo, puede convertirse en 2026 en la plataforma que actualice nuestra integración a los desafíos de esta nueva era. México ha probado ser un socio confiable y competitivo. Con estrategia, innovación y visión regional, podremos proyectar a Norteamérica como la región industrial más dinámica del mundo. Y, como hemos sostenido desde el COMCE, nuestra misión seguirá siendo clara: llevar al mundo lo mejor de México y traer a México lo mejor del mundo.







