Hay acuerdos comerciales que se firman en una mesa de negociación y otros que, con el tiempo, terminan definiendo la historia económica de una región. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) pertenece claramente a esta segunda categoría.
El pasado 16 de marzo inició formalmente el proceso de revisión del acuerdo, un momento que marca una nueva etapa para la integración económica de América del Norte. No se trata únicamente de una discusión jurídica o diplomática: lo que se define es la base sobre la que se desarrollará la región productiva más integrada del mundo.
Hoy, el T-MEC articula un mercado de más de 510 millones de personas. Es uno de los mercados más grandes y de mayor poder adquisitivo a escala global: el PIB combinado de la región representa entre el 28 y el 30% del PIB mundial y genera 1.93 billones de dólares en comercio regional de bienes y servicios. Desde su entrada en vigor, el intercambio comercial en Norteamérica ha crecido 32%, mientras que la inversión extranjera directa en la región aumentó 23%. Los datos son un reflejo de la confianza que el acuerdo ha generado entre inversionistas y empresas.
En ese entramado económico, México ocupa una posición estratégica. Nuestro país es hoy la decimotercera economía del mundo y la décima mayor potencia exportadora e importadora a nivel global.
Sólo en 2025, cerca de 551 mil millones de dólares en productos mexicanos llegaron al mercado estadounidense, lo que representó 83% de nuestras exportaciones totales. Al mismo tiempo, México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos y el principal destino de sus exportaciones.
En sectores como el automotriz o el electrónico, un producto puede cruzar la frontera entre México y Estados Unidos hasta ocho veces antes de convertirse en un bien final. Las exportaciones mexicanas a ese país contienen aproximadamente entre 35 y 40% de contenido estadounidense. Por eso, en la región no competimos entre nosotros: producimos juntos, como una sola plataforma manufacturera.
Otro dato interesante: si el comercio bilateral ronda los 870 mil millones de dólares anuales, genera 5 millones de empleos en los Estados Unidos, así como 6 o 7 millones de empleos en México. En conjunto, son más de 11 millones de empleos.
La relación con Canadá también ha adquirido una dinámica cada vez más relevante. Durante 2025 las exportaciones mexicanas hacia ese país alcanzaron cerca de 22 mil millones de dólares, con un crecimiento anual de 17%, consolidando a Canadá como nuestro segundo socio comercial.
En síntesis: las cadenas productivas de América del Norte están profundamente integradas.
Estos datos explican por qué el proceso de revisión del tratado genera tanta atención. Las cadenas de suministro que operan en sectores como el automotriz, la electrónica, la agroindustria o la manufactura avanzada dependen profundamente de esta integración regional. En muchos sentidos, América del Norte funciona hoy como una sola plataforma productiva. Es por ello que el T-MEC debe entenderse como la infraestructura económica que sostiene millones de empleos, inversiones y proyectos industriales en Norteamérica.
Las negociaciones que se están llevando a cabo abordan temas como reglas de origen, resiliencia de las cadenas de suministro, seguridad económica, transición tecnológica y nuevos sectores estratégicos. Pero más allá de los detalles técnicos, el principio central sigue siendo el mismo: la prosperidad de América del Norte se basa en la cooperación económica e industrial.
México aporta calidad, talento técnico especializado y una red logística profundamente integrada con el mercado estadounidense. Estados Unidos contribuye con innovación, capital y liderazgo tecnológico, mientras que Canadá suma recursos energéticos y capacidades industriales complementarias. Juntos conformamos una región económica cuya fortaleza radica precisamente en su complementariedad.
En un contexto en el que la economía global experimenta una creciente reconfiguración de las cadenas de suministro y una mayor competencia entre regiones, la integración productiva de América del Norte adquiere un valor aún mayor. En este escenario, el diálogo en la revisión del T-MEC busca cómo fortalecerlo y proyectarlo hacia las próximas décadas, consolidando a la región como la plataforma económica y manufacturera más integrada y competitiva del mundo.
Cuando tres países, a través de sus economías, deciden trabajar juntos, el resultado no es solo comercio: es prosperidad compartida.
1 https://www.census.gov/popclock/world
3 https://www.brookings.edu/articles/usmca-trade-tracker/#/total 4 https://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/media/uploads/documents/USMCAatFour.pdf
5 https://unctad.org/publication/world-investment-report-2025
6 https://www.imf.org/external/datamapper/NGDPD@WEO/OEMDC/ADVEC/WEOWORLD
9 https://www.bea.gov/sites/default/files/2025-11/trad0825.pdf y https://www.trademap.org/Country_SelProductCountry_TS.aspx?nvpm=1%7c842%7c%7c%7c%7cTOTAL%7c%7c%7c2%7c1%7c1%7c1%7c2%7c1%7c2%7c1%7c1%7c1 10 https://www.banxico.org.mx/SieInternet/consultarDirectorioInternetAction.do?accion=consultarCuadroAnalitico&idCuadro=CA7§or=1&locale=es
Sergio E. Contreras
Presidente Ejecutivo del COMCE







